
La casa se encuentra en Ayamonte, un luminoso pueblo marinero de Huelva, en el extremo suroccidental de Andalucía, donde el río Guadiana marca la frontera con Portugal. En pocos minutos, por ferry o por el puente internacional, se llega al Algarve: Vila Real de Santo António, Monte Gordo, Tavira, Faro. A un paso quedan las playas de Isla Canela, la naturaleza del estuario y el Parque Nacional de Doñana.
De pasado fenicio y romano, Ayamonte vivió su esplendor ligada al mar, como puerto de pescadores y centro de la industria conservera. Ese carácter marinero sigue vivo en su casco antiguo de calles blancas, sus iglesias y sus plazas. Hoy combina esa autenticidad con una vida tranquila: mercado por las mañanas, tapas junto al puerto y atardeceres sobre el Guadiana. Un lugar con todo a mano, playa, naturaleza, España y Portugal, y ese ritmo pausado de los pueblos de frontera.

Ayamonte disfruta de un clima excepcional, con más de 3.000 horas de sol al año. Los veranos son cálidos y soleados, con máximas de 28–32 °C suavizadas por la brisa del Atlántico; y los inviernos, muy suaves, rondan los 16–18 °C de día. Se puede disfrutar de la calle, la playa y la terraza casi todo el año.
Cargando el tiempo…
Ayamonte es un pueblo marinero con siglos de historia, de calles blancas, plazas con palmeras y bancos de azulejos, y un casco histórico lleno de encanto a orillas del Guadiana. Desde el apartamento puedes recorrerlo a pie por dos itinerarios muy bonitos: uno por el frente marítimo y pesquero, y otro por el Barrio de la Villa, el más antiguo. Pulsa «Cómo llegar» para ver los dos recorridos.

Circundando el edificio y bajando por la calle Navarra, en 100 metros estarás en el Paseo que discurre por la orilla del río Guadiana, y caminando al lado del río llegarás al Puerto pesquero, a la vez que ves los barcos y contemplas en la otra orilla la silueta de los pueblos de Portugal (como Vila Real de Santo António).
Enseguida llegarás al punto de salida del ferry a Vila Real y un poco más adelante, encontrarás el Mercado de Abastos: un lugar perfecto si paseas por la mañana. Es el centro neurálgico de la gastronomía local, donde se exponen pescados y mariscos fresquísimos recién traídos del Atlántico, como el famoso langostino tigre de la zona.
Adentrándote en el Centro Histórico, llegarás a la Plaza de la Laguna, la plaza principal del municipio. Está rodeada de palmeras, terrazas muy concurridas y destaca por sus emblemáticos bancos decorados con azulejos vivos y el Monumento a la Inmaculada Concepción. Aquí también se encuentra el Ayuntamiento. Puedes tomar una tapa en La Puerta Ancha.
También en el Centro Histórico puedes ver la Iglesia de Nuestra Señora de las Angustias, una impresionante iglesia del siglo XVI con un característico aire colonial, que alberga a la patrona de la ciudad; y la Casa Grande, una majestuosa casa palacio del siglo XVIII construida por el comerciante de Indias Manuel Rivero, hoy centro cultural con exposiciones de arte gratuitas.
A través de las calles comerciales llegarás al Paseo de la Ribera, construido bajo el influjo del célebre arquitecto Aníbal González: un precioso paseo peatonal repleto de palmeras y bancos de azulejos sevillanos, punto de encuentro por excelencia de los ayamontinos para pasear al atardecer. Enfrente está el Puerto Deportivo, y allí puedes tomar una tapa en Mercajamón.
En esta zona hay varios restaurantes que merece la pena visitar, y que recogemos en «Comer y beber»: Conventus, LPA, Cristina Moreau, Tierra y Mar, Margallo, El Paladar, La Coquina y Tabanco La Peñita.

Saliendo del apartamento hacia la derecha, por la calle Islas Baleares, nos adentramos inmediatamente en el Barrio de la Villa, el barrio más antiguo y con más esencia de Ayamonte. Es un entramado de calles estrechas y empedradas, con casas encaladas de blanco y patios andaluces repletos de macetas con flores. Un auténtico viaje al pasado marinero.
Subiendo por la primera calle a la izquierda llegamos a la Iglesia del Salvador, situada en el punto más alto del barrio: un bellísimo templo de estilo mudéjar del siglo XV construido sobre los cimientos de una antigua mezquita. Desde ahí podemos seguir andando hasta el Parador de Turismo, con unas vistas panorámicas fantásticas del río, el Puente Internacional del Guadiana y el territorio portugués —muy parecidas a las de la terraza del apartamento—, con el añadido de poder tomar un aperitivo.
Si retomas tus pasos hasta la calle Islas Baleares, puedes bajar al Centro Histórico disfrutando de las vistas del río y del pueblo, y llegar al Bar La Madrugá para hacer un alto y disfrutar de una fantástica tostada de jamón ibérico. Después te adentras en el centro, llegando a la Plaza de la Laguna, donde puedes seguir el recorrido anterior.

Al otro lado del río te espera el Algarve portugués, con sus pueblos blancos, sus playas y su luz. Puedes cruzar en ferry o en coche por el Puente Internacional y descubrir rincones con un encanto especial.

A 7 minutos andando desde el apartamento se toma el ferry, que cruza el Guadiana y llega directamente a Vila Real de Santo António.
Cruzando el Puente Internacional, que está a 3 km del apartamento, te adentras en el Algarve: Vila Real, Loulé, Albufeira, Monte Gordo, Castro Marim, las playas de Fuseta o Tavira. Todos son sitios con un encanto especial.
Su famoso mercado tradicional, de arquitectura árabe, y un casco antiguo lleno de vida.
Más información ↗El mayor destino turístico del Algarve, con su puerto de pescadores, playas y ambiente.
Más información ↗Una gran playa de arena dorada y paseo marítimo, a un paso de la frontera.
Más información ↗Pueblo con un imponente castillo y marismas protegidas, con vistas al Guadiana.
Más información ↗Un hermoso rincón de la Ría Formosa, con arena, dunas y aguas tranquilas.
Más información ↗Una de las villas más bonitas del Algarve, con su castillo musulmán, iglesias y puente romano.
Más información ↗A 8 km están las playas de Isla Canela, kilómetros de arena fina abierta al Atlántico. Cruzando el puente internacional se accede además a las playas portuguesas, siendo las más cercanas la de Vila Real —más salvaje y rodeada de bosque— y la de Monte Gordo, más urbana y acondicionada.



